-Gracias por compartir y dar a este pequeño reino ambulante corazón y alas propias. Bienvenidos-
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ESPECTÁCULOS EN CARTEL


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habría que


Texto de Thierry Lenain publicado por Kókinos




El niño estaba sentado en su isla.

Miraba el mundo y reflexionaba.


Vio las guerras.

Y se dijo que habría que pintar de colores
los uniformes de los soldados,
y de sus cañones y fusiles
hacer ramas para los pájaros
y flautas para los pastores.

El niño vio el hambre.
Y se dijo que habría que atrapar las nubes
con un lazo y hacerlas llover sobre los desiertos.
Y habría que llenar los cauces de los ríos
de agua y de leche.

El niño vio la miseria.
Y se dijo que habría que aprender a sumar,
a restar y a multiplicar, y después a dividir.
Habría que aprender a compartir el dinero,
el pan, el aire y la tierra.

El niño vio a los poderosos
comer, dar órdenes, proclamar y decretar.
Y se dijo que habría que abrirles los ojos
o expulsarles.

El niño vio el mar
y se dijo que habría que limpiarlo.
Y después sentarse frente a él, sólo para soñar.

El niño vio los bosques.
Y se dijo que sería bueno pasear, aventurarse en ellos
y escribir historias en las que perderse,
y después tumbarse sobre la hierba a escucharlas.

El niño vio las lágrimas.
Y se dijo que habría que aprender a abrazarse,
a no tener miedo de los besos.
Habría que aprender a decir te quiero
aún sin haberlo escuchado jamás.

El niño levantó la cabeza.
Vio la luna con una bandera plantada en su frente.
Y se dijo que habría que arrancársela
y después pedirle perdón.

El niño miró el mundo
por última vez desde su isla.
Y entonces decidió...
...nacer.



sangre del uniVerso



Nada de vértigos astrales y desconocidas piedras preciosas. 
Nada de forzosos extrañamientos poéticos, de falsos ritos.
Hablaré de la tierra consagrada por el abuelo en el centro de mi infancia.
De su olor a lluvia o a vida cuando el amanecer me llama a la ventana,
y el brillo del mundo me devuelve su frase:
Písala con los pies descalzos. La energía que asciende por tu cuerpo
te hermana con el resto del universo.
Y aún, cuando recorro los andenes solos y oscuros y el viento
acecha en mis oídos refrescando el acalorado monólogo,
un lejano olor a peces me recuerda el mar.
Y busco un pedazo de camino y quiero olerlo.
Y quiero pisarlo.
Y aunque no es de tierra, la piel de mis pies toca el mundo.
Y mi sangre vuelve a ser parte de la sangre del universo.

- "Pisar la tierra con los pies descalzos", de Elvira Alejandra Quintero-

el instante mágico

 Sólo cuando estoy en el escenario, con el público delante y el personaje en el alma, puedo vivir en "el aquí y ahora". Durante la actuación no hay dolor, ni miedo, ni necesidades ni expectativas. No hay pasado ni futuro. Todo es vivenciar ese instante mágico, estar en el placer. Por eso amo tanto actuar, porque es una terapia sanadora, como todo arte en general.  Más que artistas (actores, músicos, pintores...) somos arteSanos. Sanamos al espectador, trasladándole también a ese estado, y nos autosanamos durante el proceso creativo y el éxtasis catártico de la representación. Lo complicado es extrapolar esa sensación, ese estado puro, a la vida real; lo difícil empieza cuando uno se baja del escenario.  
Chus Álvarez (Madame Vaudeville)


 -Imagen de uno de mis instantes mágicos. Fuente: Revista Gallega de Teatro, nº76- 


Quiero compartir ahora este maravilloso texto sobre los artistas, el cual además de reforzar mi visión personal sobre este "instante mágico", explica por qué nuestro trabajo, más que una profesión, es una forma de vida:

"Los artistas son de las personas más dinámicas y llenas de valor sobre la faz de la Tierra. Tienen que lidiar con más rechazos en un año que lo que la mayoría de las personas en toda su vida. Cada día se enfrentan al reto financiero de vivir con trabajos temporales, con la falta de respeto de la gente que cree que deben obtener trabajos “reales”, y su propio miedo a no volver a trabajar nunca más.
Cada día tienen que ignorar la posibilidad de que esa visión a la que han dedicado toda su vida sea un sueño muy lejano. Con cada año que pasa, muchos de ellos ven cómo las demás personas de su edad obtienen los valores de una vida normal: el coche, la familia, la casa, el nido…
Pero ellos se mantienen aferrados a su sueño sin importarles los sacrificios. ¿Por qué? Porque los artistas están dispuestos a dar su vida entera a un momento, a aquella línea, risa, gesto, o a aquella interpretación que le robe el alma al público. Los artistas son seres que han probado el néctar de la vida en ese momento detenido en el tiempo, cuando entregaron su espíritu creativo y tocaron el corazón de alguien más.
En ese instante estuvieron más cerca de la magia, del cielo y la perfección, de lo que nadie jamás podrá estar. Y en sus corazones saben que el dedicarse a ese momento vale mil vidas más".
 David Ackert. Fragmento de "La vida del artista"