-Gracias por compartir y dar a este pequeño reino ambulante corazón y alas propias. Bienvenidos-
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ESPECTÁCULOS EN CARTEL


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brava




Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.

Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola,
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto.
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
y rodéalo de fosos profundos,
pero hazle anchas puertas y ventanas

Es menester que cultives enormes amistades,
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres,
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Has de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el óxido mortal de todos los naufragios.

Ampara, pero ampárate primero
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuídate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

CONSEJOS PARA LA MUJER FUERTE
Gioconda Belli

trenzar tu tristeza


Decía mi abuela que cuando una mujer se sintiera triste lo mejor que podía hacer era trenzarse el pelo, ya que de esta manera el dolor quedaría atrapado entre los cabellos y no podría llegar hasta el resto del cuerpo.

Había que tener cuidado de que la tristeza no se metiera en los ojos, pues los haría llover, y tampoco era bueno dejarla entrar en nuestros labios, pues los obligaría a decir cosas que no eran ciertas. 

Que no se meta entre tus manos- me decía- porque puedes tostar de más el café o dejar cruda la masa; y es que a la tristeza le gusta el sabor amargo. 

Cuando te sientas triste, niña, trénzate el cabello; atrapa el dolor en la madeja y déjalo escapar cuando el viento del norte pegue con fuerza. 

Nuestro cabello es una red capaz de atraparlo todo, es fuerte como las raíces del ahuehuete y suave como la espuma del atole. 

Que no te agarre desprevenida la melancolía, mi niña, aun si tienes el corazón roto o los huesos fríos por alguna ausencia. 

No la dejes meterse en ti con tu cabello suelto, porque fluirá en cascada por los canales que la luna ha trazado entre tu cuerpo. 

Trenza tu tristeza, decía, siempre trenza tu tristeza, y la mañana que despiertes con el canto del gorrión la encontrarás pálida y desvanecida entre el telar de tu cabello.


Texto de Paola Klug (La Pinche Canela)