-Gracias por compartir y dar a este pequeño reino ambulante corazón y alas propias. Bienvenidos-
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ESPECTÁCULOS EN CARTEL


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G de Genialidad



El secreto de la genialidad
es el de conservar el espíritu del niño
hasta la vejez,
lo cual quierede decir
nunca perder el entusiasmo

-Aldous Huxley-
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el escondite de las palabras



Nací, bajo el sigo de piscis, en un reino junto al mar. Y continúo viviendo allí, precisamente junto a la playa. En una ocasión, siendo aún una niña, salvé a otra niña más pequeña de morir ahogada (lo cual todavía atestiguan varias cicatrices en mis rodillas). Adoro caminar por la playa, escuchar la olas y oler el agua salada. ¿Será mi nombre una señal? Éstas son las palabras que juegan al escondite en mi nombre de nacimiento, no en el vaudevillesco de este cabaret que me ampara (las pongo aquí, para intentar encubrir mi nombre verdadero, de forma desordenada):

SALVAR
RÍA
SAL
MAR
REZ (una buena RED para salvar de la sal marina en el mar o una ría)


Queridos espectadores, ¿les apetece jugar conmigo?


No se trata de que me digan sus nombres verdaderos, pero sí que busquen palabras ocultas en su nombre y apellidos -escribiéndolos todos juntos- y las expongan aquí en sus comentarios. Juguemos a descubrir su destino o, simplemente, juguemos por el placer de jugar y hacer algo distinto.

Mi inspiración fue el señor AlejandrO JODOROwsky, que buscó y halló en su nombre un OJO D'ORO.


pájaros de papel


Una creación del animador paraguayo Joaquin Baldwin para la "UCLA Animation Workshop" en 2007, con música de Nick Fevola. Porque, tal vez, aún estemos a tiempo de cambiar el mundo.

vías


El desapego no es desamor. El desapego es sostener nuestra libertad, permitiendo también ser libres a quienes amamos. El desapego no es abandono, sino un acto de amor incondicional. Quien ama verdaderamente, deja libre al otro.

Pero nadie dijo que fuera fácil. Nadie explicó cómo hacerlo... Seguir la vía del no apego es seguir un difícil sendero, con piedras en el camino y malas hierbas cruzando los raíles de la vida.


ella

Alguien me sugirió amistad con el Refugio de manera providencial. Yo llevaba casi un año queriendo adoptar y, de pronto, ese Refugio aparecía en mi vida.

Vi su foto; acababan de abandonarla junto con sus hermanos en una triste cajita. Se llamaba Cloe. Era una cachorrita preciosa; negra, con ojillos inocentes y unos calcetines de pelo color blanco en las patitas. Era un bebé perruno lindísimo. Nada más verla mi imaginación comenzó a visualizar actos futuros en su compañía: juegos en el sofá, miradas cómplices en las noches, paseos por la playa, lametones de cariño... Supe que ella –Ella- sería mi compañera de viaje.

Y allá me fui, a conocerla. Casi dos horas de trayecto y una maletita llena de amor e ilusión como equipaje. Mi tierna amiga Aida –desde entonces su mágica “Aida madrina”- me acompañaba en la aventura. Más hipótesis sobre cuatro ruedas, consejos de experta amita canina y quinielas de nombres: Alana, Uma, Zoe, Duna... Ella. Cuando la vi supe que se llamaría Ella (pronúnciese con doble ele). Como Ella Fitzgerald. Negra de color y mi terapia para el alma, como el jazz en su voz. Como ella.

Me la pusieron entre los brazos, tiritando y –pum pum pum pum- con su pequeño corazón latiendo sin pausa a causa de los nervios. Noté cómo, pegada a mi cuerpo, se iba tranquilizando. Era más grande de lo que pensaba –uf- pero me miró... y me enamoró. No podía dejarla allí por más tiempo. En tan solo un instante, con tan solo un cruce de miradas, se había convertido en mi perrita y yo en su ama.

El viaje fue extraño. En mi regazo, tapada con una camiseta, vomitó varias veces. La autopista, los kilómetros, la oscuridad, las luces paseándose de cuando en vez por las lunas, las voces extrañas, las caricias de piel de una humana desconocida...
Y llegamos por fin a mi reino junto al mar, frente al espejo Atlántico, a mi casita. Otra buena amiga nos esperaba, Candy, de nombre dulce y dulce tía perruna. Más consejos, los primeros acercamientos, mirarlo todo, olerlo todo, descubrir con tiento...

La noche para las dos – ya sin la tía Candy y la “Aida madrina” fue más que noche una duermevela continua. Comenzaba así el período de adaptación: nuevos olores, caricias de piel a pelo, cosas por descubrir, juguetes por morder, una voz a la que acostumbrarse... Pero cada día un avance, cada hora un paso más hacia la integración ama-perrita/ perrita-ama, cada segundo una mayor conexión y más amor entre ambas.

Hasta hoy.

Sigue mordiendo lo que no debe y siendo una rebelde sin causa, pero ya sabe cuándo no debe ladrar, dónde debe orinar y defecar, a quién se puede arrimar, y reconocer y seguir la voz de su ama.

Sus juguetes favoritos son el señor Reno -un pequeño peluche de Navidad- y un mordedor fucsia con forma de hueso; aún se asusta con los otros perros y viene a pedirme que la coja en brazos para defenderla, se lanza a todo el mundo para dar y recibir mimos, le gusta meter su cabeza en mi pecho y agarrarme con su patita más blanca, da lametones de cariño en las manos, se hace pis de los nervios cuando llego a casa, corre por la calle como una potrilla desbocada, lo mira todo con ojos curiosos y desconcierto en la cara...

Hoy sé que, aunque se aleje de mí correteando por la arena, va a volver.
Hoy sabe que, aunque me vaya de casa para trabajar o salir un ratito, voy a volver.
Y que nunca más volverá a estar en una triste cajita sintiéndose abandonada, perdida, sola.

Gracias a todas las chicas del Refugio por su labor, llena de Amor y Respeto.
Gracias a mis amigas, Aida y Candy, por el apoyo y el cariño.
Y gracias a Ella, mi perrita linda, por alegrarme el corazón cada día y mover ese rabito, feliz, siempre al son de los ladridos de mi vida.



A Ella, Nuca, Tara, Dana, Agus, Xana, Lúa y Bora.

fénix

Imagen de Fairina





Si alguna vez quisiste a esta rosa,
hoy pálida y marchita,
regaré de nuevo el seco jardín de mi cariño.

Tal vez así renazca un lirio que perdone,
por la rosa,
tu inclemencia.

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