Imagen de Duy Huynh
No se me caen los anillos por reconocerlo:
Caí en la trampa de un seductor que cae bien.
Pero hoy se me ha caído la venda de los ojos...
Antes se me caía la baba con él.
Sin él se me caía la casa encima.
Hoy, por fin, caí de la burra.
Y él caerá por su propio peso
o, simplemente, se le caerá la cara de vergüenza.
Es decir, que la felicidad -para esta señorita- está al caer.







